
Baquedano Azcona, L. (1981). Cinco panes de cebada. Madrid:SM.
Muriel, la protagonista de este libro, habiendo sacado
las mejores notas en su carrera de Magisterio y en la oposición, y siendo
siempre una chica de ciudad, es destinada a dar clase a un pueblo
"perdido". Al principio no quiere ir, porque el pueblo no sale ni en
el mapa, pero al final le encanta.
A mí, cuando acabe el Grado de Maestra, no me importaría
trabajar en un pueblo, pues yo tengo uno al que llevo yendo desde que nací. Y
para mí representa naturaleza, libertad, tranquilidad... No obstante, también
sé que me costaría vivir allí todo el año, sobre todo al principio, porque
pasar de vivir en Madrid con el ruido, los coches, las tiendas y la cantidad de
gente que hay, a habitar en un pueblo que no se parece para nada..., pero yo
creo que si me gustaría. Asimismo, en un pueblo puedes trabajar con menos
alumnos, dedicando más tiempo a cada uno de ellos y haciendo posible una
educación más personalizada. Además, como se dice en el libro, los pueblos se
están muriendo porque la gente joven se va al considerar que allí no tienen un
futuro asegurado. Pero, ¿no podrían utilizar su preparación para el beneficio
de los pueblos? Seguro que hay fórmulas para ello, todo es cuestión de ponerse
a pensar y de que las administraciones públicas se interesen y destinen
recursos a ello. También afirma que, con la educación, en los pueblos será más
fácil elegir su destino, realizarse personal y profesionalmente y así ser
felices haciendo lo que les gusta.
Una frase que me parece que tiene razón es: “Como si el
que sabe arrancar sabiamente los frutos de la tierra fuera menos noble que el
que arranca sonidos armónicos a una caja de madera”. Porque creo que todos los
trabajos son igual de nobles, todo depende de si te gusta tu trabajo y lo haces
con esfuerzo y dedicación.
En la enseñanza hay dificultades, como en la vida, y hay
que saber superarlas para así obtener una recompensa: una recompensa emocional,
la gratitud de haberlas superado. Además, tienes que mirar las
individualidades, pues no a todos los alumnos les puedes pedir las mismas
metas; pero sí que estudien y tengan una formación para que en un futuro puedan
elegir lo que realmente quieren hacer.
Por último, destacar la
frase: “... esa tierra nos recordará siempre que todos tenemos algo que podemos
dar, aunque ese algo sea tan sólo unos insignificantes panes de cebada”. Es
decir, creo que siempre hay algo que dar de ti mismo, aunque te parezca lo
mínimo, siempre puedes dar algo de ti para ayudar a los demás.
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