Hace 16 años empezó mi camino en la
escuela. Desde entonces han pasado algunos años, muchas cosas, diversos
profesores y, sobre todo, mucho ha sido lo aprendido y más lo que me
falta por aprender.
Es raro que después de tanto tiempo en la
escuela infantil, en el colegio y en el instituto quieras seguir ahí el resto
de mi vida.., pero, eso sí, cambiando algunas cosas y, sobre todo,
cambiando los "papeles": en vez de ser la que "aprende",
ser la que "enseña" y continuar educándome (formándome), pero en un
rol distinto.
Es verdad que hasta ahora he recorrido
mucho camino aprendiendo, pasando por bastantes profesores: unos con los que se
aprenden cosas que tú también puedes aplicar y que te han influido
positivamente; otros que te han "marcado" para mal, que te han
influido negativamente y con los que también has aprendido cosas, pero cosas
que no se deben de hacer y que pueden influir a los niños de forma
desfavorable; también hay profesores que no te "marcan" ni en un
sentido ni en otro, que solo te dejan un leve recuerdo.
Por ejemplo yo recuerdo en especial,
cuando era más pequeña, a Pilar, mi profesora de la Escuela Infantil
"Hermanos Grimm". Ella, cuando me marché a los tres años, me regaló
un libro que todavía conservo y una periquita. También recuerdo a mi profesora
de segundo y tercero de infantil, Charo: era muy cariñosa y hacíamos
actividades muy entretenidas, como los talleres o el viaje a la Granja-Escuela
"La limpia", y en las que a veces estaban implicados los padres.
Es difícil juzgar si un profesor es,
profesionalmente, bueno o malo. Quizás sea más fácil reflexionar sobre cómo te
ha marcado, qué te ha enseñado, cómo ha impartido la materia y cómo ha logrado
hacértela "llegar" a ti... Todo esto influye mucho en el aprendizaje,
pues según te guste más o menos el profesor atiendes y prestas más atención en
las clases, tiendes a estar más motivada y a prestar más importancia a esa
asignatura...
Mi finalidad es llegar a ser una maestra
con la que los niños aprendan y con la que les guste aprender; que se rían
conmigo, pero a la vez trabajen, jueguen y aprendan jugando; que sepan
compartir y ser un grupo. Es decir, me gustaría que la relación con mis alumnos
fuese auténticamente de aprendizaje-enseñanza: ser capaz de saber enseñar, de
transmitirles la pasión por el aprendizaje, que les guste cómo interactúo con
ellos y, además, ser capaz de aprender de ellos y con ellos cada día.

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